La Juventus volvió a perder, esta vez contra el Génova, y con la derrota en el Luigi Ferraris el banquillo de Luciano Spalletti quedó "quemado". El último partido, que acabó con un 0-2 en Marassi, supone la tercera derrota en las nueve primeras jornadas del campeonato, hecho que pone de relieve la profunda crisis del grupo y la dificultad para mantener resultados positivos.
El partido estuvo dominado desde el inicio por Grifone, que ejerció una presión asfixiante. En el minuto 12, Tommaso Baldanzi creó una gran ocasión por el carril izquierdo, con un pase que dejó al portero a merced de Kingsley Ehizibue, que remató con el gol del 1‑0. La Juventus mostró una defensa débil y los centrocampistas fallaron sistemáticamente las entradas en el medio campo. En el minuto 28, un descuido de Kalulu abrió la puerta a Vitinha, que remató con el segundo gol, haciendo explotar a Marassi. En la segunda mitad, Spalletti intentó cambiar el plan de juego, introduciendo a Zhegrova y Woltemade para pasar a un 4‑4‑2 más ofensivo, pero la producción ofensiva siguió siendo deficiente. El único momento de esperanza llegó al final, con un disparo en el larguero de un tiro libre de Koopmeiners, pero no fue suficiente para salvar el partido.
Según datos de Opta, la Juventus perdió tres partidos en las nueve primeras jornadas del campeonato, un resultado que sólo se ha producido tres veces en la historia de la era del triple: en las temporadas 1995/1996, 2015/2016 y la actual. La estadística es especialmente inquietante porque, aunque el equipo perdió tres partidos, la situación es muy diferente a la de la temporada 2015/2016, cuando las derrotas estuvieron acompañadas de un juego más sólido y de un carácter del equipo más fuerte. Hoy, la Juventus parece carecer del hambre de ganar que caracterizó el pasado.
El actual promedio de puntos del equipo indica que la Juventus está a años luz de luchar por la liga de Campeones y corre grave peligro de caer a los márgenes de la zona de Conferencia. La dirección técnica parece incapaz de dar un empujón a un grupo perdido, y continuar por este camino corre el riesgo de comprometer irreparablemente no sólo el presente, sino también las bases del futuro. Sería necesario un cambio de rumbo drástico para revertir la situación y dar un nuevo impulso al club.
Con la clasificación de la liga cayendo a -11 puntos, el banquillo de Spalletti está bajo una gran presión. Los aficionados, cansados de una temporada sin esperanzas, exigen cambios importantes. El futuro de la Juventus sigue siendo incierto y la dirección del club tendrá que decidir rápidamente si mantiene a Spalletti o busca un nuevo entrenador para intentar salvar la temporada y recuperar la confianza de la afición.