El 18 de septiembre de 1975, durante el partido entre Racing de Santander y Elche, dos jugadores del Racing, Aitor Aguirre y Sergio Manzanera, realizaron una protesta silenciosa que quedó grabada en la historia del club. Con los cordones de sus botas atados en forma de brazaletes negros, mostraron su luto por las últimas ejecuciones del franquismo, que habían ocurrido el sábado 27 de ese mismo mes, cuando el Gobierno de Luis Carrero Blanco aprobó la pena de muerte y se fusilaron cinco militantes antifranquistas. La acción de los dos futbolistas coincidió con la muerte de Franco dos meses después, y el deporte en general mostró una respuesta casi nula ante la represión.

El gesto de Aguirre y Manzanera se produjo en un contexto de creciente tensión política y social. Los dos jugadores, que habían forjado una profunda amistad en el club, decidieron que, como figuras públicas, podían influir en la opinión pública. Según declaraciones del propio Aguirre en el 2025, “éramos personas públicas y sabíamos que nuestra protesta podría tener repercusión”. La protesta se planificó en el Hotel Rhin, donde escucharon la clandestina Radio Pirenaica y se dieron cuenta de la necesidad de actuar. Aitor, oriundo de Sondika y de una familia con raíces nacionalistas, y Sergio, de origen valenciano y con un padre republicano, compartían una visión común de la injusticia del régimen.

Durante el partido, el público no percibió inmediatamente los brazaletes. El gobernador civil de Santander, Carlos García‑Mauriño Martínez, preguntó al presidente del club, José Manuel López‑Alonso Polvorinos, sobre los distintivos negros, a los que el mandatario no supo contestar. En el descanso, los jugadores fueron confrontados por policías que les exigieron quitar los brazaletes bajo amenaza de detención y de presentarse en la comisaría al día siguiente. El Racing ganó 2‑1, con Aguirre marcando ambos goles, uno asistido por Manzanera. Antes de ir a la comisaría, López‑Alonso sugirió que justificaran la protesta como un homenaje al fallecido presidente del club, Ramón Santituste García, para evitar mayores repercusiones.

Las autoridades, al descubrir la protesta, impusieron sanciones de 300.000 pesetas, reducidas a 100.000, y iniciaron una investigación bajo la Ley Antiterrorista. El fiscal solicitó cinco años de prisión, pero la muerte de Franco y la falta de presión internacional diluyeron la causa. A pesar de la presión, ambos jugadores continuaron sus carreras: Aguirre jugó 18 temporadas y fundó un reconocido asador en Getxo, mientras que Manzanera se retiró a los 28 años debido a una lesión, estudió medicina y ejerció como dentista en Valencia.

El gesto de Aguirre y Manzanera también resonó en la cultura popular. En 1974, Luis Eduardo Aute compuso “Al alba”, y en 1975 la cantante Rosa León, conmovida por los fusilamientos, transformó la canción en un canto simbólico a los represaliados. Este episodio, aunque breve, mostró cómo el deporte podía convertirse en un escenario de protesta política en la España de transición, dejando una huella que, aunque poco reconocida en su momento, sigue siendo recordada por los aficionados del Racing y por la historia del fútbol español.

Mundo DeportivoEste artículo fue reescrito y localizado por ScoreLens a partir del reporte original.
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