El Bolonia ha completado una auténtica metamorfosis de la mano de Roberto Palladino, que tras despedir al técnico alemán recuperó la forma del equipo y aniquiló el comienzo negativo de temporada. Con una victoria ante el Milan y diez puntos en los últimos cinco partidos de la SerieA, los rossoblù han avanzado hacia las posiciones europeas, demostrando que han interiorizado la nueva filosofía de juego.
El cambio también es evidente en las estadísticas del juego. La posesión media bajó del 55,2% de Tedesco al 39% con Palladino, mientras que el número de pases exitosos por partido disminuyó de 475 a 275. A pesar de esta reducción, el equipo ha aumentado su calidad ofensiva: los goles marcados han aumentado a diez en los últimos cinco partidos, con una media de dos goles cada 90 minutos, frente a sólo dos goles en los primeros cuatro partidos con Tedesco. El xG total aumentó de 1,25 a 1,53, al igual que el xG en tiros a portería, que pasó de 1,16 a 1,40 por partido. Además, el gol fue compartido por varios jugadores: además de Piccoli y Dovbyk, Mbangula marcó tres goles, Bernardeschi dos, y Orsolini, Enem, Pobega y Casale marcaron una vez cada uno, además del gol en propia puerta de Bartesaghi.
En la fase defensiva la diferencia es menos marcada. Con Tedesco la zaga encajó cinco goles de media (1,25 por partido), mientras que con Palladino encajó siete (1,4 por partido). Sin embargo, el número de tiros a portería concedidos aumentó de 3,5 a 4 por partido, mientras que las paradas de los porteros Skorupski y Pessina se mantuvieron estables (de 2,5 a 2,6 por partido). El xG encajado en la primera parte del año pasó de 0,9 a 1,53, con un aumento también del xG en tiros a puerta (de 0,63 a 1,54).
El nuevo técnico también trabajó en la gestión de los momentos decisivos sobre el terreno de juego. La reacción del Bolonia tras el empate contra el Lecce, que luego ganó por 2‑1, y la capacidad de recuperar el partido contra el Milán, donde los rossoblù fueron superados por el doblete de Cisse, son ejemplos de esta nueva mentalidad. Palladino también pretendía mejorar al primer delantero, ante el comienzo cuesta arriba de Piccoli y Dovbyk, y consolidar la defensa, que todavía tiene margen de mejora.
A medida que avanza la temporada, el Bolonia mira hacia el futuro con optimismo, intentando consolidar su forma positiva y apuntar a resultados consistentes. La próxima cita será decisiva para entender si la transformación de Palladino fue suficiente para devolver al equipo a los niveles de competitividad que estaba esperando.