Alberto Abengózar, nacido en 1989, es un ejemplo de cómo la vida puede llevarte de la cantera de un pueblo a la pista de un tren y de vuelta al campo de juego, esta vez como capitán de su equipo local. Su trayectoria comenzó en el Gimnástico de Alcázar de San Juan, donde como niño se destacó en la Tercera División antes de que su club fuera extinguido en 2015. El talento lo llevó al Getafe, donde jugó en el filial y entrenó con el primer equipo, y luego al Albacete, donde a los 19 años debutó en Segunda División y marcó un gol en el histórico estadio de Balaídos contra el Celta. Ese gol, anotado desde el penal, quedó grabado en su memoria como uno de los momentos más bonitos de su carrera.
Tras el Albacete, Abengózar continuó su carrera en una serie de equipos de la Segunda B y Preferente, como Villarrobledo, Almansa, La Roda, Teruel, Ontinyent y Olímpic de Xàtiva. Durante esos años vivió altibajos: playoffs, ascensos y la realidad de que el fútbol profesional no era una carrera de por vida. En ese momento decidió prepararse para una oposición y, tras obtener su plaza, se convirtió en maquinista de Renfe. A pesar de la nueva profesión, el fútbol no le abandonó; retomó el balón en el Sporting de Alcázar en 2022, más de una década después de su primera etapa en el Gimnástico.
El retorno al Sporting le ha permitido vivir el crecimiento del club desde dentro. Ahora, como capitán, siente la responsabilidad de guiar a los jugadores más jóvenes y transmitirles la disciplina y la educación deportiva que él mismo recibió. “Estoy en la obligación de ayudar a los más jóvenes, de inculcarles un poco la educación deportiva que deben tener”, comenta, resaltando el valor de su experiencia para el equipo.
El sueño de Abengózar no termina en la Preferente. El Sporting de Alcázar está aspirando a la Primera División, y el maquinista espera que su equipo llegue a disputar partidos en el estadio Manuel Delgado Meco, el hogar del Málaga CF. Para él, la idea de que su pueblo pueda jugar en la máxima categoría de España es un logro que va más allá de cualquier contrato o salario. “Lo que hay que hacer es disfrutar del proceso”, concluye, recordando que su pasión por el fútbol y los trenes sigue guiando cada paso de su vida.
