El fin de semana de la Serie A estuvo marcado por una serie de errores cruciales del VAR, que provocaron quejas tanto de los equipos como de los aficionados. La intervención más comentada se produjo en el partido Inter-Fiorentina, donde el árbitro dejó pasar un penalti a Mariani por una parada tardía de Viery sobre Thuram. A pesar del error, el resultado final no fue alterado, pero la decisión fue vista como un claro fallo del sistema de revisión. El árbitro, que inicialmente había pensado en sancionar el penalti, cambió de opinión, probablemente influido por el asistente o por el movimiento de Thuram, que se dejó caer con facilidad. El VAR, en particular el operador Fabbri, no solicitó revisión del monitor, dejando el error sin cambios. Por el contrario, se corrigió el penalti pitado al final por agarre de Valdepeñas al mismo jugador.
Otro episodio crítico se produjo en el partido Lazio-Parma. Frattesi se anticipó a Troilo en el área y, tras un primer agarre alto, fue rematado tarde por el defensor. El árbitro del Arena no pitó y el VAR, representado por Santoro, no solicitó revisión. Incluso en este caso, la decisión fue no imponer la pena, aunque la situación parecía favorable. La situación se complicó aún más en el partido Atalanta-Frosinone, donde Marinelli permitió que continuara una mano de Cittadini tras un cabezazo a corta distancia de De Ketelaere. Entonces Dionisi preguntó al operador del VAR y se concedió el penalti. La decisión fue muy discutida, ya que el brazo estaba abierto pero la posición podría haber sido compatible con el movimiento de reequilibrio del defensor tras el salto. En este caso, el VAR debería haber permanecido apagado.
En el partido Napoli-Roma, el árbitro Colombo gestionó los episodios más delicados sin errores sustanciales. Corrigió la decisión de no sancionar a Gollini por un toque del brazo fuera del área, ya que el miembro no aumentó irregularmente el volumen del cuerpo. Los goles de la Roma, incluido el que puso el 3‑3 tras un contacto entre Balerdi y Beukema, se consideraron regulares. El primer gol del Nápoles, con Olivera en posición de fuera de juego pero inactivo, también estuvo bien gestionado. En otros partidos, como el Cagliari-Bolonia y el Como-Sassuolo, se tomaron decisiones acertadas: se corrigió el penalti pitado por la mano de Juan Rodríguez, al igual que los dos goles anulados por fuera de juego en el Como-Sassuolo.
Finalmente, el partido Torino-Monza se disputó de forma equilibrada. El contacto entre Belghali y Mangas se consideró insuficiente para exigir un penalti y el silbato del árbitro Orsato se consideró correcto. En general, el fin de semana puso de relieve las continuas dificultades del VAR para gestionar situaciones complejas, lo que generó dudas sobre su coherencia y la eficacia de sus decisiones. Los equipos y aficionados esperan cualquier aclaración por parte de las autoridades arbitrarias para evitar que errores similares influyan en resultados futuros.