El Milan se enfrenta a un problema recurrente que genera creciente preocupación entre la dirección y el entrenador Rubén Amorim: los goles encajados a balón parado. A pesar de la lesión de Matteo Gabbia, que ya ha reducido las opciones defensivas, el equipo rossoneri tiene que afrontar una serie de vulnerabilidades que se han manifestado tanto en los partidos oficiales como en los entrenamientos de verano.
El problema viene desde la pretemporada, cuando el equipo encajó tres goles en jugadas a balón parado. El primer caso fue contra el Torino, donde Adams anotó de un tiro libre ejecutado por Gineitis. Posteriormente, en el partido contra la Juventus, Gatti encontró el 1-1 gracias a un tiro libre con un centro de Koopmeiners. En el estadio Mapei, un córner de Laurienté, un desvío de Doig y un disparo de Odenthal penalizaron una vez más al Milan, poniendo de relieve la misma falta de atención y reactividad en el gol.
Amorim expresó su frustración por la falta de concentración y la dificultad para gestionar las jugadas a balón parado. Según la Gazzetta dello Sport, al entrenador le preocupa especialmente la mala reactividad de los defensores cuando los rivales ejecutan tiros libres, saques de esquina o centros. Estos problemas no son nuevos: durante los amistosos de verano, el Milan encajó dos goles contra el Chelsea y otro contra el Manchester United, demostrando una constante fragilidad en esta zona del juego.
Con la lesión de Gabbia, que ha limitado aún más las opciones defensivas, el técnico debe intervenir rápidamente para corregir estas deficiencias. El departamento técnico tendrá que trabajar en una marcación más estricta, un posicionamiento más cuidadoso y una mayor concentración en las jugadas a balón parado. La solución a este problema es crucial para el éxito del Milan en los próximos partidos de la Serie A, donde la defensa sigue siendo una de las principales preocupaciones del club.
