Un año antes, el Stade Rennais se encontraba en el centro de un malestar sin precedentes. Los rumores sobre la marcha de Habib Beye, entonces en plena crisis de confianza con el entrenador, habían puesto a Roazhon Park en un estado de tensión palpable. En ese contexto, medios y aficionados recurrieron a una propuesta que parecía prometedora: la adquisición de Thiago Motta, jugador libre tras su paso por la Juventus y recientemente brilló en el Bolonia en la Liga de Campeones. El perfil de Motta, que combina experiencia europea y talento táctico, alimentó rápidamente las esperanzas de una reactivación del club bretón, que luchaba por empezar la temporada con una nota positiva.
Sin embargo, la decisión de Motta fue rechazar la oferta del Rennes y volcarse a La Liga, donde se planteó fichar por la Real Sociedad. Esta decisión puso fin a un sueño que, por un momento, había dado esperanza a la dirección y a la afición. Habib Beye, por su parte, permaneció bajo vigilancia durante varios meses, sin que se materializara nada concreto.
Desde entonces, el club ha vivido un importante punto de inflexión con la llegada de Franck Haise al frente del equipo. Haise introdujo una filosofía de juego basada en la intensidad, la presión y la unión, reemplazando la antigua búsqueda de la grandeza individual. Los resultados mostraron una mejora notable: tres victorias en cinco días y una cómoda posición en el quinto lugar de la Ligue 1. Sin embargo, un revés ante el Lyon antes del descanso fue un recordatorio de que el trabajo no estaba terminado y que la estabilidad a largo plazo sigue siendo un desafío.
A pesar de este progreso, persisten fallas. El ataque del Rennes sigue dependiendo demasiado de un único goleador, lo que expone al club a riesgos cuando éste no está en acción. Esta dependencia, apodada “dependencia de Lepaul”, plantea dudas sobre la profundidad del equipo y la capacidad del equipo para mantener su nivel sin el jugador clave. Haise, consciente de estas debilidades, continúa ajustando las rotaciones y enfatizando la coherencia colectiva más que las soluciones individuales.
En resumen, si bien Roazhon Park ha abandonado la fase de búsqueda de un mago de respaldo, ahora se centra en un enfoque metódico y colectivo. Las ambiciones siguen siendo altas, pero la dirección ahora parece favorecer la estabilidad y la creación de un equipo resiliente. Los viejos desafíos no han desaparecido, pero han evolucionado, dando paso a una nueva era donde el desempeño colectivo es la clave del éxito.
