Giuseppe DeLaurentiis, dueño del Napoli, está considerando seriamente la posibilidad de vender el club. La idea ya no es un simple "si", sino un "cuándo" concreto, sobre todo si la oferta de 2.200 millones de euros presentada por Rizzetta fuera auténtica: rechazarla habría sido un error.
DeLaurentiis compró el Napoli del tribunal de quiebras en 2004 por 31 millones, cuando el equipo jugaba en la Serie C. En dos décadas guió al club a la élite superior de Europa, ganando dos campeonatos sin tener que recapitalizar el club. Su modelo de negocio se basó en el crecimiento orgánico de los ingresos y el hábil intercambio de jugadores: revendía jugadores en el pico de su valor, incluidos Higuaín, Osimhen, Cavani y Kvaran, reinvirtiendo las ganancias para fortalecer el equipo. Durante su gestión, el Nápoles facturó más de mil millones de euros y gastó más de 1.500 millones en compras.
El club azul representa el activo más importante de la cartera de la familia DeLaurentiis, cuya empresa matriz Filmauro registró una facturación de 13 millones de euros en 2025 y 8 millones en 2024. La plusvalía derivada de la venta del club podría acercarse a los mil millones. Por eso el emprendedor se plantea la sucesión, eligiendo entre la continuidad familiar y la monetización de un enorme valor ya consolidado.
El futuro del Nápoles dependerá de las decisiones de DeLaurentiis y de las negociaciones en curso. Si la venta se concretara, el club podría entrar en una nueva era de inversores, mientras que una posible permanencia en la familia garantizaría la continuidad del crecimiento y las estrategias de gestión de intercambio de jugadores que han llevado al Napoli a la cima del fútbol italiano y europeo.
