Jude Bellingham ha pasado de ser el “ciclón” que dominó la fase internacional con Inglaterra a convertirse en un jugador de “ráfagas” en el Real Madrid. Tras su brillante actuación contra Croacia el 3 octubre, donde marcó y dio tres asistencias, el centrocampista inglés volvió al club con una intensidad menos explosiva, aunque sin perder su talento.
El 0‑7 que Inglaterra infligió a Rijeka y el dominio absoluto de Bellingham en el encuentro con Croacia fueron la culminación de un parón internacional extraordinario, con un gol y cuatro asistencias en cuatro partidos. En el Real Madrid, sin embargo, el jugador ha disputado cuatro encuentros (Villarreal, Roma, Sevilla y Leipzig) sin marcar y con una sola asistencia, lo que evidencia una pérdida de la contundencia que mostró con la selección.
En el regreso al Villarreal Bellingham completó 90 minutos sin generar oportunidades ofensivas, con dos remates y sin crear ocasiones. En Roma, a pesar de jugar el partido completo, solo logró tres disparos y una asistencia, aunque el equipo ganó 4‑3. En Sevilla, el único gol del Madrid fue asistido por Bellingham a Mbappé, y en Leipzig, aunque no marcó, generó tres ocasiones y realizó dos regates efectivos. Estos datos muestran una progresión que, aunque irregular, indica que el centrocampista está recuperando su peso en el juego.
El técnico José Mourinho ha puesto a Bellingham en una posición adelantada, cerca de los delanteros, para aprovechar su capacidad de aparecer desde la segunda línea y crear oportunidades de gol. Esta colocación le permite influir en la fase final del ataque, aunque también lo aleja de la elaboración del juego en las zonas intermedias, lo que explica la variabilidad en su rendimiento.
En la Liga, Bellingham ha registrado tres goles y tres asistencias en nueve jornadas, lo que representa un rendimiento notable para un centrocampista. La pregunta ahora es si podrá mantener la continuidad que lo convirtió en una amenaza constante durante el parón internacional. El próximo clásico contra el Barcelona en el Camp Nou será el escenario perfecto para que Mourinho evalúe si Bellingham puede volver a dominar el ritmo del partido y convertir sus destellos en un dominio total.