El Real Madrid logró una victoria en el Camp Nou, sin que el encuentro se convirtiera en un espectáculo de polémicas. El Clásico, que se jugó sin que el VAR tuviera que intervenir, terminó con el equipo merengue como vencedor, aunque el marcador favoreció a los visitantes. El partido se describió como entretenido y equilibrado, con ambos equipos capaces de ganar, pero la moneda cayó a favor de la afición del Barça.
El entrenador portugués José Mourinho, tras la finalización del encuentro, se dirigió a la prensa y comentó que el VAR “estaba dormido” al no señalar la falta de Cancelo sobre Diomandé, una acción que podría haberle costado una tarjeta roja al jugador. Mourinho no se pronunció sobre otras faltas relevantes, como la de Camavinga sobre Rodrigo o el pisotón de Tchouámeni sobre Xavi Espart, que provocó un esguince de tobillo al último. El técnico también criticó la decisión del árbitro Martínez Munuera de no sancionar la falta sobre Espart, a la que se refirió con gestos y una breve intervención desde el banquillo.
Durante el partido, el ambiente en el área técnica fue intenso. Varias personas del cuerpo técnico de Mourinho, identificadas por sus chaquetas verdes, se acercaron al cuarto árbitro José Palomares y al línea de banda Diego Barbero para protestar las decisiones arbitrales. El delegado Chendo y algunos suplentes, como Carreras, también se mostraron activos en el banquillo, generando una escena de tensión que, según el autor del texto, nunca había visto en el Camp Nou.
En cuanto a las sanciones, solo dos jugadores blancos recibieron tarjetas amarillas, y ambas fueron por protestas durante el tiempo de descuento. El acta del árbitro Martínez Munuera indica que las tarjetas se emitieron “por protestar de forma ostensible una decisión” del árbitro. El autor sugiere que la intención de los jugadores era ganar tiempo, y que el árbitro respondió en consecuencia.
El partido concluyó con el Real Madrid como vencedor, pero el encuentro dejó una sensación de que el banquillo merengue se había convertido en un escenario de confrontaciones y protestas. El autor concluye que, a pesar de la victoria, Mourinho parece dispuesto a usar todas las estrategias disponibles para lograr sus objetivos, y plantea preguntas sobre la gestión de la Liga y la relevancia de ciertos premios en el fútbol moderno.