Sergio Camello, el delantero talismán del Rayo Vallecano, ha encontrado un nuevo ritmo en el club que se siente casi como un regreso a la infancia. Después de una temporada de incertidumbre en la que el Estadio de Vallecas fue declarado inseguro y los partidos en casa se jugaron en Leganés, el jugador de 26 años está de regreso en su Vallecas natal, donde dice que el ambiente es “el último equipo en pie del fútbol de otra época”. El recuerdo de hace 11 años de un VW Beetle de segunda mano y una calle cubierta de graffiti aún perdura, pero ahora la atención se centra en el fútbol y la comunidad que lo rodea.
El regreso de Camello al campo coincidió con una mejora dramática en su forma. Ha marcado siete goles en siete partidos de liga, la cifra más prolífica en las cinco principales ligas europeas desde Raphinha, y el total de su temporada ya es superior a sus mejores campañas anteriores (cinco, tres y tres). El entrenador Beñat San José ha modificado su posición, pero Camello atribuye su confianza a las conversaciones con amigos y familiares, especialmente con su hermano gemelo Gonzalo, y a las sesiones de terapia que lo ayudaron a reconectarse con el “niño” que se enamoró por primera vez del fútbol. “La presión es horrenda”, dice, explicando que al principio de su carrera se sentía paranoico y obsesionado, pero ahora puede jugar libremente sin el peso de las expectativas.
Más allá de las estadísticas, Camello se ha convertido en una voz poco común en el fútbol español, discutiendo abiertamente el materialismo, el racismo, la homofobia, la toxicidad de las redes sociales y la crisis inmobiliaria. Dice que su plataforma nació de su crianza en el barrio y que quiere usarla para ayudar a otros. “Se trata de ver el equilibrio, de comprender”, explica, señalando que muchos jugadores luchan por disfrutar de su trabajo cuando la libertad financiera no está garantizada. Su franqueza le ha valido el apodo de “el chico del cine” entre sus compañeros de equipo, un guiño a su amor por el cine y su costumbre de reseñar 156 películas.
Los problemas del club no han pasado desapercibidos. Camello reconoce que los problemas del Rayo son importantes y no deben romantizarse, pero ve la solidaridad como una fuente de fortaleza. "Estamos aquí porque queremos estar", dice, destacando las profundas conexiones que ha forjado con los aficionados, los propietarios de bares locales y otros jugadores. Describe los rituales previos y posteriores al juego, los rostros familiares en la barra de la esquina y cómo estas relaciones le dan al equipo un sentido de pertenencia que trasciende el deporte en sí.
De cara al futuro, Camello sigue centrado en la temporada. Con el Rayo todavía luchando por sobrevivir en La Liga, sus goles son cruciales, pero también destaca la importancia de mantener el equilibrio mental que ha encontrado. "Si no se puede gestionar eso, puede causar mucho daño", advierte. Mientras el equipo continúa afrontando los desafíos de la liga, la combinación de desempeño dentro del campo y autenticidad fuera del campo de Camello promete mantenerlo en el corazón de la historia del Rayo.
