Michel Pineda, ex delantero del RCD Espanyol, falleció a los 62 años. El club anunció su muerte el jueves, recordando su papel como uno de los máximos goleadores del equipo durante los años ochenta. Pineda fue pieza clave para que el Espanyol lograra el tercer puesto en la temporada 1986‑87 bajo la dirección de Javier Clemente y para la histórica campaña en la Copa de la UEFA 1987‑88, cuando el club llegó a la final y perdió contra el Bayer Leverkusen.
El delantero llegó al Espanyol en el verano de 1984 procedente del Auxerre, donde había formado amistad con Éric Cantona. Nacido en 1964 en Francia, Pineda era hijo de padres vitorianos que emigraron a Francia en los años sesenta. Con 20 años, al llegar a Barcelona, reflexionó ante la prensa que la gloria del futbolista es efímera y que su época de esplendor pasa pronto. Ese mismo año, el atacante reveló que había sufrido la pérdida de su padre a los 15 años y la muerte de un hermano, experiencias que lo habían madurado.
Durante su paso por el Espanyol, Pineda disputó 233 partidos y marcó 73 goles, dejando una huella imborrable en la afición. Tras dejar el club en 1990, jugó en el Toulon, Racing de Santander, Lleida y Alavés, retirándose en 1996. Una de las anécdotas más recordadas es el gol que marcó el 23 de junio de 1993 contra el Espanyol, que provocó el descenso del club a Segunda División; en el partido, el delantero no celebró y lloró sobre el césped por respeto al equipo que había representado.
El legado de Pineda sigue vivo en la memoria de los seguidores del Espanyol, que lo recuerdan como un jugador que supo mirar más allá de los triunfos y las derrotas, y que dejó raíces profundas en Sarrià.